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LA NUEVA VEJEZ EXIGE UN CAMBIO DE MENTALIDAD





La sociedad no se está dando cuenta de que estamos ante una nueva vejez y por ello persiste en el imaginario colectivo un paradigma negativo de la vejez que nos está demandando con urgencia un cambio de mentalidad. Y es contradictorio, aunque cada vez son más los expertos que vienen advirtiendo de las múltiples posibilidades que surgen para esta nueva generación de viejos, las personas aún no terminan de creérselo.

La sociedad debería prepararse, educarse en asuntos de vejez para que cuando las personas lleguen a dicha etapa lo hagan con el conocimiento de lo que ella implica, los cambios biológicos, psicológicos, físicos, etc., y a partir de ellos asumir de la mejor manera su vida, cuidados, relaciones, economía, y demás aspectos. De esto nos encargamos en Fuerza Platino.


Ya no va eso de que otros se hagan cargo de los viejos. Sí hay una responsabilidad social y una institucional que debe permanecer e incluso exigirse, pero hay que entender que como adultos nos asumimos y nos hacemos cargo de nosotros mismos de primera mano, lo que escape de ahí, sí que hay que reclamarlo al Estado por virtud de los principios de solidaridad y universalidad. Pero antes de reclamar afuera, a hacerse cargo de lo que está en nuestras posibilidades. Y recuerda, en la vejez seguimos teniendo capacidades múltiples, aún si llegasen a surgir algunas limitaciones o afectaciones de salud. Sería lo que podría llamarse una madurez responsable.


Una buena filosofía de vida es aquella en la que se mantiene una actitud reflexiva. En la que todo sea cuestionable. Nuestras creencias, pensamientos y sentimientos. Así evitaremos que situaciones como las que se refieren aquí no se lleven al traste la oportunidad de un buen envejecimiento.


Aquí unas recomendaciones especiales:


Romper con el miedo. Parece que con los años muchas personas van perdiendo la confianza en sí mismas y empiezan a creer que necesitan depender de otros o temen a las pérdidas. (facultades, condiciones de salud, bienes, compañía, posición social etc.). Hay que hablar con el miedo y pedirle que como muy seguramente no se va a retirar, entonces que nos sirva como impulsor. Sí, con miedo, pero avanzando. Distinto a detener la vida porque el miedo nos invade.


Cuando digo hablar con el miedo, me refiero a hacer un alto y pensar cuáles son esos miedos que se tienen, para darse cuenta que como ha sido demostrado por la ciencia más del 90% de ellos son irreales y nunca se llegan a concretar. Mejor, una vez identificados, pensar en estrategias sencillas para contrarrestarlos o evitar que la situación temida llegue a presentarse. De esa manera logrará que el miedo sea menor o en todo caso hacerse consciente que no hay razón para tenerlo y es posible avanzar.


Quítarse de encima la carga emocional de otros (hijos, nietos, demás familia). Lo que incluye en muchas ocasiones también la carga económica. Y es que en culturas como la latina, tendemos a ocuparnos algunas veces y vivir preocupado la mayoría de las ocasiones de lo que viven los miembros de la familia; si tienen o no trabajo, si tienen novedades de salud, si tienen dificultades económicas, si sus relaciones van mal, si funcionan o no sus negocios, etc. El asunto es que olvidamos que cada quien vino a esta dimensión de vida a vivir su propio proceso y hacer los aprendizajes necesarios para sí.


Entonces surgen dos posibilidades, la persona cuenta con los recursos y capacidades y se echa encima la carga del otro, sumando peso a su propia carga e impidiendo el desarrollo y los aprendizajes de aquellos a quienes pretende proteger. Sumar peso a su propia carga le implicará mayor desgaste, físico, emocional, espiritual, con las respectivas consecuencias para su salud personal. Entonces habrá quitado peso a otros a costa de su propio desgaste, siendo el más relevante el emocional y espiritual. Son vidas que no se pueden llevar con gozo y satisfacción porque siempre habrá un motivo que las hace perder.


La otra posibilidad, es qué ante la ausencia de recursos o capacidades para ayudar a su núcleo cercano, lo único que le queda a la persona es mantenerse preocupada por la situación de los otros, echándose encima la carga emocional que le conllevará a una gran pérdida de energía vital a costa de su propio desgaste y lo peor sin poder dar soluciones a ese por quien se preocupa. Es importante parar y preguntarse para qué necesito estar pensando en la vida de otros que tienen sus propias capacidades para atender sus asuntos.


Por qué se está dispuesto a perder la paz mental ante situaciones que no está en sus manos resolver.


Tal vez surgen otros interrogantes: ¿para qué quiero tener todo bajo control?, ¿realmente está en mis manos resolver la situación que me preocupa? ¿En verdad la persona por la que me estoy preocupando no es capaz de hacerse cargo? Es probable que en este punto pueda tomar consciencia de que lo que mejor conviene es renunciar a querer el control sobre todo lo que le rodea.


Adaptarse a la nueva realidad. Las circunstancias sobrevinientes, como ciertas limitaciones de movilidad u otros malestares deben ser asumidas, procurando corregir la causa, pero hay que ser flexibles y adaptarse a ellas. Así mismo hay que soltar tanto prejuicio que se va cogiendo en el camino como pensar que nos vamos a ver mal o que otros nos van a creer frágiles o a criticar, si al ir por la calle se evidencian las dificultades de salud, como cojear, usar un bastón o cualquier otro elemento médico para facilitar la nueva condición. Finalmente, el valor de las personas no está supeditado a una condición o limitación, sino que está en el todo que envuelve la esencia del ser humano.


Asumir el envejecimiento con dignidad. Muchas veces las personas creen que por perder ciertas facultades o tener limitaciones físicas también pierden valor. Este es un pensamiento que debe erradicarse, ya que la dignidad humana le es inherente a toda persona indistintamente de la condición en la que llegue a estar. Mantener la dignidad es continuar, avanzar en medio de la dificultad, a pesar de algunas limitaciones o de cualquier cambio en las condiciones de vida. Ser conscientes de que se sigue teniendo todo el valor como seres humanos para sí mismos, la familia y la sociedad. Y lo más importante, que en medio de las dificultades aún si implican disminución de capacidades, la vida sigue estando disponible para ser apreciada y disfrutada, que lo que resta es identificar el sinnúmero de diversas posibilidades que ofrece la vida para garantizarse calidad de vida y posibilidades para su disfrute. Siguen estando muchas otras capacidades propias, sigue estando la red familiar y de amigos. El mundo y su diversidad sigue esperando a ser tomado y aprovechado de la mejor manera.


Soy Fanny Rivera. y recuerda: la vejez es una cuestión de dignidad.